Cuando despertó, la inflación todavía estaba allí

Montevideo

Martín Miguez |

2022-09-22T07:00:00.0000000Z

2022-09-22T07:00:00.0000000Z

El Pais Uruguay

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EMPRESARIALES

@| Uno de los microcuentos más famosos es el del autor guatemalteco, Augusto Monterroso, que dice así: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, dejando librada a la imaginación del lector su interpretación: ¿Quién despertó? ¿Cuánto tiempo estuvo dormido? ¿El dinosaurio evoca algo antiguo, pesado, amenazante? Me acordé de este cuento viendo los enormes problemas de inflación que hay a nivel mundial, particularmente en Latinoamérica y puntualmente en Uruguay. Explicaba Milton Friedman que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario. Y es así porque tiene que ver con la cantidad de dinero emitido por el Estado ya que, cuando los gobiernos gastan más de lo que recaudan, deben recurrir al aumento de impuestos, pedir préstamos o emitir dinero para financiarse y hacer que la economía siga funcionando. La emisión descontrolada genera que haya demasiados pesos en el marcado por encima de su demanda. Sin embargo, al haber más plata en el bolsillo de la gente y la misma cantidad de bienes en el mercado, se produce la suba generalizada y sostenida de los precios. Éstos suben porque el valor del dinero —frente a esos bienes— baja. Por eso mismo, si una manzana vale un peso, pero después preciso dos pesos para comprar la misma manzana, significa que ahora con un peso puedo comprar solamente media manzana. Hay una clara pérdida del valor del dinero. Se genera una ilusión de que se puede consumir más en lo inmediato, pero a largo plazo termina siendo al revés. Con la cura de la inflación pasa como con las adicciones: al principio se precisa convencimiento de que es un problema grave y que hay que encararlo, pasando por un enorme esfuerzo para no caer en la tentación de emitir (abstinencia), para finalmente recuperarse. En Uruguay tenemos una relación extraña con la inflación: no se produce únicamente por un factor monetario (no precisamos emitir a cara de perro para financiarnos, como sí hace Argentina, por ejemplo), sino que, entre otras causas, está la formación de precios: tenemos la mayor parte de los mercados internos acaparados y controlados por muy pocas empresas que manejan la mayoría de las ventas y, por lo tanto, fijan los precios con poca o nula competencia. El país de la vaca atada. Hace por lo menos 20 años que convivimos con una tasa promedio de entre 6% y 9%, siendo la última medición de 9,5%. Sabemos que sus efectos son perjudiciales para la gente, sobre todo para quienes tienen ingresos fijos, pero no hacemos mucha cosa por atacar y resolver — o por lo menos minimizar—de una buena vez el problema, sino que nos acostumbramos a que siempre, aunque pasen los gobiernos de distinto signo y color, va a estar entre nosotros. Pensamos las inversiones, salarios, negocios, etc., considerando siempre entre un 8% y 10% de inflación. Es nuestro dinosaurio. Es lo normal, lo conocido, nuestra zona de confort, y el problema es que de alguna forma nos terminamos acostumbrando, por lo que termina siendo parte de nuestra realidad. El esfuerzo y voluntad por curarnos y salir nos lleva a lo desconocido, a la incertidumbre, y por tanto nos genera miedo. Uruguay hace más de 20 años que parece estar dormido, pero no está claro cuándo va a despertar para atacar y resolver definitivamente la inflación. Como tantos otros problemas de la vida del país, pasan los años y sigue frente a nuestros ojos gozando de buena salud. Por eso me acordé del microcuento de Monterroso: cuando desperté, la inflación todavía estaba allí. aclarar nada, solamente refuerzan grietas y enconos por temas triviales. Desde la asunción del actual gobierno de coalición, una empedernida oposición se opone permanentemente a los actos que el gobierno tiene en su Plan electoral, llevar a cabo. Lo que la coalición ve, con su cristal, “positivo”, la oposición ve, con el suyo “negativo”. Un cristal ve “constructivo” y el otro, indefectiblemente, “destructivo”. Pero hay una diferencia en los cristales con que se miran los actos y acciones del gobierno. El cristal elegido democráticamente por el pueblo, es uno sólo y la ciudadanía en libres elecciones lo compró y se lo dio al presidente y su equipo de gobierno. El otro, con el que mira la oposición está caduco, no les permitió ver cómo hacer para mantener a la izquierda gobernante en el poder y debería ser cambiado. Hoy las cosas tienen que verse con el cristal del gobierno, porque eso es Democracia y quienes a él se opongan deberán lamentablemente abstenerse porque la ciudadanía decidió que hoy tiene vigencia solamente un cristal. Si la oposición desea aspirar a tener nuevas oportunidades, deberá cambiar la graduación de “su cristal”, porque si ello no sucede, no podrán ver nunca la realidad y mal les seguirá yendo.

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