Los crímenes del siglo XX

2023-09-18T07:00:00.0000000Z

2023-09-18T07:00:00.0000000Z

El Pais Uruguay

https://epaper.elpais.com.uy/article/281715504221831

EDITORIAL

Días pasados revisando bibliografía sobre la última dictadura militar argentina choqué, no por primera vez, con la pavorosa escala de los crímenes ideológicos del siglo XX. Atrocidades que se relacionan con cosmovisiones que exaltando lo propio culminaron en nacionalismos desbocados. El odio a los “otros”. Alcanza para diferenciarlos su color de piel, su lengua, los dioses que adoran, su lugar en la sociedad, o una historia disputada, para que salte la chispa y la deportación y el homicidio aparezcan como solución. Desde el Holocausto, el asesinato directo de seis millones de judíos, al genocidio armenio. La matanza en Ruanda entre dos pueblos apenas diferentes, los asesinatos en China, celebrados como avances revolucionarios, o la matanza por los serbios de musulmanes en Sebrenica. Hannah Arendt ha escrito páginas luminosas sobre la capacidad de los seres humanos, particularmente en la modernidad, para destruirse como bestias impelidas por sus instintos, sus impulsos más primarios o, para pensantes, acudiendo al blindaje doctrinario. Hombres y mujeres convertidos en engranajes de un supra mecanismo que anula su individualidad, como lo hace la ceguera moral ante la orden indigna, el endiosamiento del estado o la raza, todo conspira para facilitar el asesinato administrativo, cuya más depurada muestra fue la Shoa. El horroroso sacrificio de generaciones de judíos por haber nacido tales. Precedido y continuado por matanzas menos contabilizadas pero igualmente crueles. Por su proximidad, porque son iguales en su aspecto y hablan nuestro idioma, sufren iguales dolores y disfrutan las mismas alegrías, porque conviven día a día con nosotros y hasta se candidatean para gobernarnos, quisiera detenerme algo más en el inverosímil legado del comunismo. No porque nuestros comunistas, recitadores de un mundo lejano, sean responsables del mismo, que no lo son. Sencillamente porque sabiendo lo que hoy sabemos sobre el carácter homicida de esa doctrina, siguen siendo capaces de alabarla y promoverla. Me consta que creen que ellos no cometerán el mismo error que sus mayores, a los que endiosaron durante sesenta años. Ignoran que no son ellos, sino su ideología, la responsable del inevitable desastre en el que siempre recaen. Pese a lo evidente dejaron de ver lo que ocurría en la URSS, primero con el comunismo de guerra, dos millones de muertos, luego con la primera socialización de la tierra, otros millones, enseguida el despojo a los campesinos ucranianos en el Holomodor, tres millones de muertos por hambre, el Gulag Siberiano para los opositores, el Gran Terror del 37. Y por siempre “los enemigos del pueblo”, el burshui, el kulak (aunque solo tuviera una azada), el especulador, todos “parásitos”, “sanguijuelas” y “bandidos”. El saldo, decenas de millones de cadáveres. Muchos de ellos muertos de puro terror. Admitamos que los comunistas vernáculos, sordos, mudos y ciegos respecto a la URSS, no percibieron lo siniestro de su política. Eufóricos admitieron que se comiera a sus hijos. Stalin no fue el comunismo, pero como explicar que la misma confusión la tuvieran con Mao, Kim Jong-il Pol Pot, Tito o Ceaucesco. Su pecado no es solo haber sido comunistas, es seguirlo siendo.

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